martes, 22 de noviembre de 2016

EL DÍA QUE CUPIDO SE HIZO UN LÍO CON LAS FLECHAS



La razón nublada detrás de las gafas de cerca se queda callada, la tontuna impulsiva de corazón adolescente convierte a los des-enamorados en seres más débiles, menos accesibles y absolutamente vulnerables, no se si por ese orden. Cien veces cien, hay arrepentimiento tras enviar un mensaje escrito mientras resuena “es sólo un borrador”.
Una relación que termina y no simultáneamente a ambos lados de la cama, una lamparita se queda “colgada” de su gemela al otro costado. Solo resite  un despertador sin pilas en una hora imposible desbancado por la alarma de un móvil de última generación. Una retahíla de artilugios modernos que han venido a sustituir las ausencias más humanas, las sombras ubicuas de lo que ya se ha marchado.

Sin destripar las ocultas razones que  llevan a abandonar aquel lado, hay un día en que una maleta pequeña da de sí para meter la vida entre dos libros nunca devueltos y un pijama desteñido. El tiempo se ralentiza lo suficiente para recoger las cuatro cosas que parecían imprescindibles para continuar con la vida, pequeños enseres que harán posible echar el pie derecho cada mañana a la alfombra.
Y sobrará espacio en esa pequeña valija para cargar con unas cuantas fotos de cuando el tiempo analógico congelaba instantes irrepetibles que hacen saltar la lágrima del más desesperado de los olvidos.
Cuando se cierra la puerta a la espalda, en los bolsillos se cuela un resto de amor muy tonto, añorar el tiempo perdido y lamerse las heridas en el fondo de un bote de pringuels.

Es normal que no nos entendamos, que los sentimientos se confundan y se extravíen en mares de wifi, es así como Cupido se hace un lío con las flechas, en un tiempo en que la tinta es un objeto de culto y las palabras afloran desde el limbo de los correctores de móvil.

Los mensajes enviados adoptan sus propios itinerarios alternativos, el que se envió desde la desesperación se pierde subido en el tren del abandono. La indecisión de otro se cuela en el wathsapp del desarraigo, mientras aquel que quiere olvidarlo todo es nombrado y recordado antes de acostar el párpado en almohadas ajenas.

En un tiempo en que la conversación y el intercambio de confesiones se han minimizado a golpe de emoticono, es habitual que Cupido se equivoque, es normal que no te encuentre.



PILAR ROCHE, CENTRAL STATION IN WUXI (CHINA)2016


Si también eres cuentista quizás te apetezca leer otras historias: las amigas de la novia, o una de Navidad aquí Griselda, Anastasia & Me. Cuento, quizás una de viajes viajeros Una escoba y un recogedor. Te cuento. O esta sobre el chocolate Easter time. Cuento.

Hazme un favor, nunca dejes de leer.








domingo, 18 de septiembre de 2016

LAS AMIGAS DE LA NOVIA



Las bodas en medio del campo tienen un encanto a la americana que me está costando asimilar. Pinterest se llena de tableros con imágenes bucólicas de parejas de novios de espaldas en campos segados de centeno. Ellas con tules y botas Hunter mientras ellos las contemplan arrobados tras sus bigotitos hipster. Tatuados ambos dos, repeinado el y ella deshabillé con corona flowerpower. 
O los dos con bigote. 
O ellas dos corriendo campo a través con las faldas arremangadas y las bocas en rojo Ferrari.

Todo el convite en largísimas mesas para treinta invitados máximo, en un granero a modo de capilla y con la mirada vigilante de un fotógrafo avezado en estas lides con macros de paniculata. Mucha arpillera también y cartelitos de tiza.


Me invitaron a una de estas bodas, hace nada. El campo aún en esta época es tela cálido, qué digo es tórrido, agobiante y sofocante. Muy bonito, si.




La novia con melenaza suelta que de verdad le favorece y parapetada detrás de un flequillo que enmarca unos tan ojos profundos como el sueño más bonito.
Las encinas arrojan una sombra que cobija en segunda fila a las amigas de la novia, porque si la lista de los invitados ha sufrido la censura, la de las amigas no, tienen patente de corso y acuden todas. 

Y ahí es donde quiero llegar, a las amigas de la novia. No importa en qué época, estación del año, momento histórico o situación política, allí están ellas, impertérritas, graníticas e instituídas. Veo sus perfiles alineados en la foto en vestidos vaporosos, floreados, plisados y etéreos como ninfas del secano. 
La amiga pelirroja de verde, sexy, arrebatadora, envidiada desde la distancia del metro ochenta en sus cuñas de esparto. Justo a su lado la amiga, racial, bellísima con el aura de las mujeres inteligentes que se saben poderosas. 
Sonriente, feliz, amable y cuidando en todo momento del velo de la novia ....la amiga rubia, todas las novias tienen una de estas. Es mucho más que una hermana porque te sabe, te entiende, te llora, te adora. De fábrica viene ya más guapa por dentro que por fuera, a pesar de tener un cuerpo de infarto y la cabeza todo el tiempo donde le da gana tenerla. 

Ahí está, en medio del campo amarillo, bajo un sol de justicia la novia en una nube de polvo de heno, el horror de los hipster alérgicos al medio natural, más feliz que una perdiz porque sabe que esta fiesta es la que quiere, con un novio que no se puede caer del pedestal de una tarta. Y podría hablar aquí de lo encantador que es el muchacho, pero eso es ya material para otro cuento.






La foto está casi para ponerle el passe-partout y su marco de Ikea tuneado, pero le falta la guinda. Y es que falta una, mírala bien ahí, en la esquina del banco más próxima a los novios. La amiga amarga. Todas las novias la traen de serie y al final en un arranque de caridad, decide no borrar de la lista. 
La amiga culo picudo que ha querido deshilachar las entretelas de muchas noches de chicas. La que se pone tus vestidos, recordándote que le sientan muchísimo mejor que a tí. Sobre privacidad y comunicación no leyó jamás un artículo. Que no es tonta, ni lista, su cerebro de mosquito no ha llegado ha registrar el valor de la intimidad que dan los kleenex compartidos, los secretos bien guardados, seguramente porque a lo mejor el día que lo explicaron faltó al colegio. 
Entendereis en este punto cumbre del relato, que aunque lo tiene todo, incluso el parrafo más extenso de esta historia, carece de lo único que importa. Alma, no tiene. De ahí el rictus amargo que se acentúa en la boca o la elevación de la ceja que tienen todas las arpías de los cuentos.


Sólo cuento tal y como sucedió, los novios desaparecieron hacia un lugar muy cool en la campiña francesa con una ristra de refrescos bio-eco-veggies anudados al tubo de escape de una roulotte de diseño, y algunas otras hierbas para hacer, porqué no, infusiones.

Y ellas las amigas, despidiendo la boda con lagrimita en un ojo mientras el otro rastrea entre los veinticuatro invitados el que mejor coordine con el color de su laca de uñas. Es un decir.



FINAL FELIZ


PD: Dedicado a todas las almas que alientan este pasatiempo, que leen cualquier cosa que les pongo por delante, que subrayan con fosforito rosa las palabras más bonitas por el placer de pintarlas.
Espero y deseo que seas una de las amigas molonas de esta historia. Si por el contrario eres del grupo minoritario, haz el favor de apartar tu culo picudo de mi cuento.













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